En el mundo del fútbol, hay frases que se repiten hasta la saciedad, como «nadar y guardar la ropa». Sin embargo, lo que vimos el pasado sábado en Elche fue todo lo contrario. El Real Mallorca, tras adelantarse con un gol de Pablo Torre desde fuera del área, se olvidó de cerrar bien el armario y acabó viendo cómo su rival le robaba dos goles en una remontada que sabe a traición.
Demichelis había advertido sobre la importancia de este encuentro. Y es que era crucial para no caer en el pozo del descenso. Pero parece que esa determinación se quedó corta frente a un rival directo. Resulta extraño, casi incomprensible ver cómo cambios como los de Pablo Torre y Luvumbo llegaron cuando eran los más activos, manteniendo al Mallorca con el control del juego.
La pena del penalti fallado
Y si hablamos de incomprensiones, hay que mencionar ese penalti fallido por Muriqi. Un jugador experimentado debería haberlo puesto en la red sin dudarlo. En esos momentos decisivos, uno espera que la calidad brille, pero el balón voló hacia las nubes cuando teníamos el empate casi al alcance de la mano.
No podemos dejar pasar por alto esta derrota dolorosa; es una lección dura para un equipo que lucha por mantenerse a flote. Ganar en Elche habría sido como sumar otro título en nuestro camino hacia la salvación. La lucha continúa y aún queda mucho por recorrer, pero esta caída nos recuerda lo frágil que puede ser nuestro sueño.

