El debut de Miguel Ángel Demichelis en el banquillo del RCD Mallorca ha dejado claro que hay espacio para soñar con un equipo más audaz y competitivo. El empate contra Osasuna, aunque solo haya sido un punto, marca el inicio de una nueva etapa. Y aunque el camino por recorrer es largo, los primeros pasos ya se han dado.
Un cambio necesario en el juego
Con apenas cinco días para preparar a su equipo, Demichelis mostró que sí se puede jugar al fútbol en este Mallorca. Durante el primer tiempo, se vio a un equipo dispuesto a hacer cosas diferentes; un juego más dinámico, donde el balón ya no quemaba en los pies de los jugadores. Pablo Torre, con libertad creativa, fue clave para generar ocasiones y mantener la posesión. Sin embargo, la fragilidad defensiva sigue siendo un gran quebradero de cabeza.
Aunque la primera mitad dejó buenas sensaciones —incluso nos pusimos por delante en el marcador—, la segunda parte trajo complicaciones. Las lesiones de Torre y Raíllo obligaron a cambiar el planteamiento inicial y ahí fue cuando empezamos a tambalearnos. La expulsión de Virgili cambió las tornas; Osasuna se animó y nosotros perdimos ese aire fresco que habíamos traído al campo.
No podemos olvidar que la plantilla necesita energía y valentía tanto en ataque como en defensa. Aunque algunos jugadores como Darder aportaron algo positivo, no logramos sostener lo que habíamos construido durante los primeros 45 minutos. La sensación es que aún queda mucho trabajo por hacer.
A pesar de todo, lo positivo parece superar a lo negativo; esta primera impresión nos deja esperanzados sobre lo que pueda venir. Y ahora, con la vista puesta en el próximo duelo contra Espanyol, necesitamos confirmar que este nuevo rumbo no fue solo una ilusión pasajera.

