Con una emoción palpable en el aire, Jagoba Arrasate se presentó ante los medios para dar su última rueda de prensa como entrenador del Mallorca. «Pensaba que el proyecto iba a ser de otra manera, empezando por mí mismo», confesó con una mirada nostálgica. Este año ha sido un verdadero desafío para él, el más complicado desde que comenzó su andadura en los banquillos.
Un adiós lleno de emociones
La sala estaba repleta de sus jugadores, quienes lo acompañaron en este momento tan delicado. «He sufrido muchísimo», admitió Jagoba, al tiempo que agradecía la lealtad y la presencia de su equipo en su despedida. Aunque algunos esperaban que siguiera al menos una semana más al mando del club, la llamada inesperada de Ortells durante la cena cambió todo: «Me comunica la decisión y aunque fue emotivo, no hay que darle más vueltas».
Arrasate también reflexionó sobre cómo las cosas no salieron como había planeado. Su llegada prometía un juego dinámico y ofensivo; sin embargo, después de un inicio brillante con 30 puntos en la primera vuelta —la cuarta mejor marca en la historia del club—, todo se desmoronó poco a poco. Se va con el equipo luchando por evitar el descenso y con una sensación amarga: «Vinimos a ser un equipo presionante y vertical; hemos terminado sobreviviendo». La dicotomía entre lo soñado y lo real quedó clara mientras se despedía uno a uno de sus jugadores.
A pesar del dolor de esta separación, Jagoba mantiene la esperanza: «Les daré un abrazo y ojalá podamos juntarnos contra el Oviedo para celebrar nuestra permanencia».

