Este viernes se cumplen dos años de un recuerdo que aún nos llena de emoción. Era un martes, casi miércoles, y en casa decidimos romper las reglas: Guillem se fue a la cama más tarde de lo habitual. Al fin y al cabo, ¿quién podía dormir tras ver esa carrera épica de Sergi Darder hacia el punto de penalti? Recuerdo su mirada fija en la portería antes de lanzar ese golpeo magistral que nos catapultó a la final de Copa. Fue el inicio de un mes y medio lleno de ilusiones para los que sentimos los colores del Mallorca. Pero claro, la final no salió como esperábamos; lloramos, pero también disfrutamos al máximo.
Sin embargo, si miramos atrás, ese año también estuvo marcado por el hilo del descenso. A pesar del éxito copero, había señales claras de desgaste que no se supieron leer. Y aquí estamos, dos años después, con una plantilla que parece estancada en el tiempo. No ha habido cambios significativos; solo un cambio de nombres que poco aporta a nuestro querido club.
La soledad del vestuario
Alfonso y Pablo parecen haber enfocado todos sus esfuerzos en mostrarle a la propiedad que todo marcha bien cuando claramente no es así. El presidente Kohlberg habla sobre su modelo exitoso mientras nuestro equipo se dirige a una caída inevitable.
La salida de Jagoba Arrasate resulta tan dolorosa como necesaria. Pocos entrenadores han generado tanto cariño entre los aficionados como él. Pero al final, se vio superado por las circunstancias y quedó atrapado en un proyecto vacío. Lamentablemente, su lealtad le ha pasado factura; el equipo dejó de creer en él y eso es algo difícilmente reversible.
Afrontamos ahora una etapa crucial donde toda la atención recae sobre quién ocupará el banquillo a partir de ahora. Todos esperamos que este nuevo entrenador pueda recuperar no solo el control sino también algo tan básico como las ganas y el compromiso que merecemos ver en cada partido.
Aquel mágico mes y medio parece ya un lejano recuerdo; ser mallorquinista significa vivir entre altibajos constantes pero siempre con lealtad inquebrantable. Guillem me ha dejado claro que estaremos ahí la próxima temporada sin importar qué categoría juguemos… aunque sinceramente espero que muchos rostros cambien para volver a encontrar esa ilusión perdida.

