En la vorágine de la lucha por la permanencia, todos los ojos están puestos en Arrasate y Ortells, los dos pilares del RCD Mallorca. Sin embargo, hay una figura que no podemos pasar por alto: Alfonso Díaz. Su misión es crucial en este tramo final de la temporada, donde mantener a la afición unida y entusiasmada resulta más que un reto.
Afrontémoslo, es complicado. El CEO de Negocio ha tenido que lidiar con el talón de Aquiles del club: enganchar a esos seguidores bermellones que han comenzado a alejarse. Y tras una derrota dolorosa contra el Celta, ese desafío se vuelve aún más apremiante. ¿Cómo motivar al público cuando lo último que han visto fue un equipo con solo un disparo en 90 minutos? Es fundamental darles razones para acudir al estadio este sábado contra la Real Sociedad; un partido vital que podría cambiarlo todo.
El reto de llenar las gradas
A pesar de haber logrado récords históricos en cuanto a abonados, muchos asientos siguen vacíos cada fin de semana. La realidad es dura y no podemos ignorarla: si el juego decepciona, la afición también lo hace. Hace unos años había campañas vibrantes que animaban a los seguidores; hoy parece que esa chispa se ha apagado. Y no es solo cuestión de rendimiento deportivo; hay un desencanto generalizado hacia un modelo empresarial del fútbol que aleja a los verdaderos hinchas.
Díaz debe estar presente aunque su influencia se limite hasta el pitido inicial. Los aficionados que decidan ir al estadio lo harán por amor a unos colores que van más allá de cualquier jugador o entrenador. Ese sentimiento es poderoso y esencial para mostrar una buena imagen en Son Moix, pero el cansancio acumulado entre muchos seguidores está empezando a hacer mella.
Los errores cometidos por el club son evidentes y han llevado a esta situación complicada. No hay soluciones rápidas ni milagrosas; necesitamos unidad antes incluso de comenzar el partido, porque es ahí donde reside la verdadera fuerza del Mallorca y donde Alfonso Díaz tiene su papel vital.

