En el mundo del fútbol, las lealtades y las ideas son lo que construyen identidades. Sin embargo, Jagoba Arrasate parece haber perdido el rumbo, cayendo en la trampa de traicionarse a sí mismo. Tras una dura derrota ante la Real Sociedad por 1-0, sus palabras resonaron como un eco de desesperación: «Hemos llegado a un punto donde hemos priorizado más arroparnos por las carencias que tenemos… No me gusta lo que veo». Y es que esta reflexión se convierte en una verdad amarga cuando observamos la situación del Mallorca.
Un cambio inevitable
Arrasate llegó al club con la promesa de revitalizar el juego del equipo tras la era Aguirre, logrando incluso una primera vuelta histórica. Pero desde aquella Supercopa en Arabia, todo comenzó a torcerse. Las tres derrotas consecutivas al inicio del 2025 han dejado al equipo atrapado en el descenso y han llevado a Ortells a tomar la difícil decisión de despedirlo.
El técnico deja la isla con un saldo poco alentador: 21 victorias, 15 empates y 32 derrotas en 68 encuentros oficiales. Si bien los primeros meses fueron prometedores, su visión se ha desvanecido y ahora el Mallorca es uno de los equipos más goleados del campeonato. Con solo dos victorias en los últimos nueve partidos, la falta de ideas y cohesión es palpable.
No podemos ignorar que Arrasate también ha lidiado con limitaciones en su plantilla; muchos jugadores no han rendido como se esperaba y eso es algo que también pesa sobre sus hombros. La pregunta ahora es si un simple cambio de entrenador será suficiente para enderezar el barco o si hay problemas más profundos que deben ser abordados.
A medida que nos adentramos en este nuevo capítulo sin él, todos miramos hacia arriba: hacia el palco donde Andy Kohlberg deberá asumir responsabilidades. Porque aunque ya no esté Arrasate, está claro que el futuro del Mallorca necesita mucho más que un simple relevo para volver a brillar.

