Hablar de derrotas en el mundo del fútbol nunca es sencillo, pero lo vivido en Balaídos tiene un sabor agridulce que no podemos ignorar. A veces, el equipo menos propositivo se lleva los puntos, gracias a un portero inspirado o a decisiones arbitrales que favorecen. Pero lo que ocurrió ayer fue otra historia. El Celta de Vigo, bajo la dirección de Giráldez, salió decidido a llevarse la victoria, mientras que el Mallorca de Arrasate se limitó a esperar y a contener.
Desde el primer minuto, quedó claro que la estrategia era resistir. Mantener la portería a cero era su única misión, aunque ni siquiera eso lograron durante los primeros 45 minutos. Al final del partido, solo un remate -sin dirección- fue todo lo que ofrecieron en ataque. ¿De verdad jugamos con dos delanteros? Muriqi, uno de los máximos goleadores del campeonato, no recibió ni una sola oportunidad para marcar y Virgili pasó más desapercibido que un espectador en las gradas.
El Celta supo encontrar su camino
En contraste, el Celta manejó el ritmo del encuentro con astucia. Los cambios fueron clave; la entrada de Aspas y Borja Iglesias transformó por completo el juego y terminó por romper la muralla mallorquina. Mientras tanto, los relevos de Arrasate –Pablo Torre, Mateo Joseph y Mojica– fueron totalmente ineficaces.
Ya no podemos evitarlo: ¿sabe realmente Arrasate cómo salir de esta situación? La sensación es clara; parece perdido ante una plantilla bloqueada y sin ideas frescas. Lo que está claro es que si seguimos así, el abismo del descenso nos espera con los brazos abiertos.

