La reciente derrota del RCD Mallorca ante el Real Betis ha dejado una sensación amarga en los corazones de los aficionados bermellones. A pesar de haber anotado 29 goles en lo que va de temporada, el equipo sigue siendo previsible y se encuentra en un marasmo creativo que asusta. Este partido, con un resultado final de 1-2, ha puesto de manifiesto que la creatividad en ataque es más bien escasa.
Un ataque sin chispa
Es irónico pensar que esta podría ser una de las mejores temporadas goleadoras del Mallorca, pero ¿qué pasa cuando llega la hora de desarmar al rival? La dependencia del equipo en jugadores como Jan Virgili y Muriqi es evidente; este último ha marcado ya 16 goles, representando el 55% del total anotado por su equipo. Sin embargo, fuera de estas individualidades brillantes, el resto parece estar perdido.
Nadie puede negar que la defensa verdiblanca fue sólida ese día, pero los últimos minutos del encuentro dejaron mucho que desear. Con un 65% de posesión, el Mallorca solo logró crear un par de oportunidades claras. Darder lo expresó claramente después del partido: “Nos faltó encontrar ese último pase o centro”. Y aunque se intentaron hasta 38 centros durante el duelo, apenas ocho encontraron remate. El Betis tuvo facilidad para neutralizar esos intentos.
Sin duda alguna, la fragilidad defensiva con 39 goles encajados es otro gran problema que pesa sobre los hombros del equipo. Así que mientras disfrutamos de esos 29 tantos a favor, no podemos ignorar cómo el juego se reduce a lanzar balones a Muriqi o esperar destellos mágicos de Virgili. Sin ellos dos, estamos hablando casi de un vacío absoluto.
Afrontando partidos así, resulta difícil tener esperanza si dependemos únicamente de unas pocas jugadas brillantes. Hay que repensar estrategias y buscar alternativas antes de que sea demasiado tarde; porque si uno solo se resfría… ¡el lamento será grande!

