El RCD Mallorca se encuentra en una situación delicada. Con ocho partidos consecutivos encajando goles, la cifra de 37 tantos recibidos hasta ahora se vuelve alarmante. Actualmente, son el tercer equipo con más goles en contra, solo superados por Sevilla y Levante. Si queremos que el equipo bermellón no acabe tirado a la basura en Segunda División, es hora de que cierren el grifo de su portería.
Un problema persistente
Desde el 15 de diciembre, cuando jugaron contra el Oviedo, los chicos de Jagoba Arrasate no han podido terminar un encuentro sin ver cómo el balón acaba en su red. Este escenario obliga al Mallorca a marcar más de un gol para conseguir una victoria, algo que resulta difícil cuando se cuenta con una defensa tan permeable. Aunque Vedat Muriqi se está dejando la piel con sus 15 goles, la escasa aportación del resto de delanteros es preocupante: Mateo Joseph ha anotado solo dos y Abdón aún no ha conseguido estrenarse.
A pesar de los esfuerzos del cuerpo técnico por encontrar soluciones —cambiando formaciones y alineaciones—, parece que nadie logra recuperar esa solidez defensiva que tanto necesitamos. En este momento, las cifras proyectan un futuro sombrío; si continuamos así, podríamos cerrar la temporada con 61 goles encajados. Y como sabemos bien, superar esa barrera suele significar adiós a la Primera División.
En resumen, tenemos quince partidos por delante para demostrar que podemos revertir esta situación. No solo hay que cuidar a Muriqi como si fuera un tesoro; también es imprescindible encontrar ese muro defensivo que nos caracterizaba antes. Si logramos mejorar ahí, quizás tengamos una oportunidad real para mantenernos en la élite del fútbol español.

