En el corazón de Palma, el RCD Mallorca ha cerrado uno de esos capítulos que parecían interminables. La historia gira en torno a Alfonso Díaz, el CEO de Negocio del club bermellón, quien ha salido victorioso tras una dura negociación con la plantilla sobre las primas económicas por su posición final en la liga. Un tira y afloja que empezó el pasado verano y que finalmente llegó a buen puerto.
Los capitanes del equipo habían alzado la voz reclamando un premio por asegurar la permanencia en Primera División. Sin embargo, Alfonso, respaldado por el presidente Andy Kohlberg, dejó claro que eso no iba a suceder. ¿La razón? Para ellos, lograr mantenerse en la categoría es una obligación más que un logro digno de recompensa. Así lo han dejado caer: “Lo mínimo exigible para seguir creciendo”.
Las cifras hablan
Después de meses de negociaciones y tensiones palpables dentro del vestuario, se ha acordado un monto total que deja sin premio esa tan ansiada permanencia. El club ofrecerá ocho millones si logran ganar la Liga, cinco millones por alcanzar la Liga de Campeones y tres millones por terminar décimos. Pero lo que realmente sorprendió fue el tope: sólo dos millones si acaban duodécimos, algo que aceptaron finalmente los jugadores.
Parece increíble cómo un tema tan crucial para la moral del equipo haya tardado casi seis meses en resolverse. Y todo esto mientras luchan en los últimos lugares de la tabla con solo dos puntos sobre el descenso. Con más de media temporada consumida, esta batalla parece haber sido una distracción innecesaria para unos jugadores que deberían estar centrados en salvar su puesto.
A medida que nos acercamos al final de esta temporada incierta, queda claro que las decisiones tomadas no solo afectan a los números financieros del club; también influyen profundamente en el espíritu del equipo y su conexión con una afición fiel pero cada vez más crítica ante estas decisiones.

