No podemos dejar de repetirlo: el fútbol es un deporte que nunca deja de sorprendernos. Justo cuando muchos aficionados temían lo peor, el Mallorca se sacudió los miedos y protagonizó uno de esos partidos memorables, aplastando al Sevilla en un resultado que no solo suma puntos, sino que alimenta la esperanza de toda una afición.
Una victoria para recordar
Con una defensa sólida, destacando las actuaciones sobresalientes de David López y Martin Valjent, el equipo demostró que sabe jugar bien al fútbol. No solo fue cuestión de suerte; fue fruto del trabajo en equipo y del esfuerzo colectivo. Este triunfo es más que tres puntos en la tabla: es un soplo de aire fresco para todos nosotros. Salir de la zona de descenso y escalar cuatro posiciones es una inyección de confianza necesaria para seguir creyendo en este grupo y en su entrenador.
A veces, desde casa las imágenes pueden no captar todo lo que sucede en el campo. Pero hoy, por fin, vimos sonrisas cerca del banquillo y abrazos sinceros entre los jugadores; algo que se echaba mucho en falta. Ganar siempre alegra el día, pero esta vez esa alegría viene acompañada de una goleada buscada a través del juego bonito.
Aparte del penalti, resultado de una gran jugada de Jan Virgili, los goles llegaron gracias a buenas acciones ofensivas con la pelota dominada. Virgili mostró su mejor versión y asistió a Samu Costa para otro tanto destacado. Y cómo olvidar ese golazo de Pablo Torre, quien parece haber encontrado su lugar tras algunos minutos complicados.
En resumen, esta victoria ha sido más que merecida e incluso sorprendente. Nos anima a no rendirnos y nos prepara para afrontar el próximo desafío con la cabeza alta cuando vayamos al Camp Nou este sábado.

