El Mallorca se presentó en el Metropolitano con una imagen que no hacía justicia a lo que uno espera de un equipo que busca competir. Sabíamos que enfrentarse al Atlético de Madrid no sería fácil, y la lógica nos decía que perder era una opción más que probable. Pero lo que vimos fue un equipo desdibujado, lejos de ser ese rival temible que podría rascar algo en un campo tan complicado.
La estrategia de Arrasate, aunque bien intencionada, resultó ser papel mojado desde el principio. Sin extremos y con jugadores como Darder y Sánchez ocupando las bandas para hacer un bloque compacto, quedó claro que su idea pasaba por defenderse y esperar a ver si caía alguna oportunidad del cielo. Pero, ¿acaso se puede construir un plan basado solo en esperar? El fútbol es simple: hay que marcar goles.
Una falta de valentía alarmante
Y así fue como llegó el primer gol del Atlético a los veintidós minutos, obra de Sorloth, echando por tierra todo el trabajo de la semana. La reacción del Mallorca fue prácticamente inexistente. Sin intensidad ni esa garra que solía caracterizar a los equipos de Arrasate, apenas lograron mantener viva la esperanza con un 0-1 en el marcador. Era evidente: eran inferiores al adversario.
A medida que avanzaba el partido, los errores comenzaron a acumularse; pases imprecisos y despejes llenos de dudas se convirtieron en la norma frente a un Atlético que no necesitaba esforzarse demasiado para sumar esos tres puntos vitales. Los cambios introducidos por Arrasate tampoco parecieron aportar frescura al juego. Muriqi tuvo su oportunidad con un cabezazo, pero pronto llegaron dos goles más del rival, sellando una derrota contundente por 3-0.
En definitiva, lo ocurrido en el Metropolitano dejó claro algo: este Mallorca necesita replantear su enfoque y recuperar esa chispa perdida antes de tirar todo por la borda en esta temporada.

