El Real Mallorca salió al Metropolitano como quien va a un examen sin haber estudiado. El resultado, un claro 3-0, demuestra que no había mucho que hacer ante un Atlético de Madrid que ni siquiera tuvo que esforzarse al máximo para llevarse los tres puntos. Los goles de Sorloth, David López en propia puerta y Almada fueron la crónica de una derrota anunciada. La verdad es que los bermellones no dispararon a puerta en todo el partido, lo que ya dice bastante sobre su rendimiento.
Un plan fallido
Bajo la dirección de Arrasate, el equipo trató de innovar en su alineación buscando quizás un milagro ante el dominio esperado del Atlético. Pero dejar a Virgili en el banquillo fue como tirar a la basura cualquier opción de sorprender. David López, que no estaba a la altura del desafío, ocupó una posición central junto a Valjent y eso se notó desde el principio.
La primera parte transcurrió como un mal sueño para los aficionados del Mallorca. El Atlético movía la pelota con total comodidad mientras nosotros apenas logramos sostenerla. Oblak ni siquiera tuvo que sudar: ¡ni una sola intervención! El ibicenco Leo Román hizo lo que pudo bajo los palos, evitando un marcador aún más doloroso con algunas paradas destacadas.
A medida que avanzaba el partido, las pérdidas de balón eran constantes por parte del Mallorca; parecía que cada pase era un regalo para el rival. Y aunque hubo un atisbo de esperanza cuando Muriqi estuvo cerca del empate, eso pronto se desvaneció con otro gol del Atlético tras una jugada desafortunada de David López. Era evidente: este equipo necesita una sacudida urgente antes de enfrentarse al Sevilla si quiere salir del pozo.
En resumen, hoy fuimos testigos de cómo un equipo puede perderse en sus propias dudas y temores. La imagen debe cambiar radicalmente o corremos el riesgo de vernos atrapados en una espiral negativa sin salida.

