Con tristeza nos llega la noticia del fallecimiento de Lucien Muller, un hombre que dejó una huella imborrable en el corazón de los aficionados del Real Mallorca. Fue el artífice del emocionante ascenso en la temporada 1982-83 y tuvo dos etapas al frente del equipo. La noticia fue confirmada por el Reims, club donde jugó en los años 60 y que recuerda con cariño su legado.
Una leyenda en el campo y fuera de él
Nacido el 3 de septiembre de 1934 en Bischwiller, Francia, Lucien fue un centrocampista destacado que brilló con varios clubes europeos, incluyendo el Real Madrid y el Barcelona. Su carrera como jugador abarcó más de 400 partidos y dejó una marca importante en cada equipo por donde pasó. Tras colgar las botas, se transformó en entrenador, llevando su pasión por el fútbol a las canchas españolas.
Muller llegó a Mallorca en la temporada 1981-82 para sustituir a Antonio Oviedo. No tardó mucho en dejar su impronta: logró un modesto pero crucial triunfo ante el Atlético Madrileño durante su debut, lo que marcaba el comienzo de una nueva era para los bermellones. En la campaña siguiente, junto a jugadores como Tirapu y Sahuquillo, llevó al equipo a alcanzar un merecido tercer puesto que les dio acceso a Primera División. Fue un viaje lleno de emociones que culminó con celebraciones por todo lo alto entre los aficionados.
A pesar de ese éxito inicial, la vida tiene sus giros inesperados. Después de esa temporada histórica, Muller dejó el club solo para regresar unos años después. Esta vez, sin embargo, no pudo evitar un descenso trágico cuando asumió la dirección del equipo nuevamente durante la temporada 87-88.
Hoy despedimos a un verdadero apasionado del fútbol cuya memoria perdurará siempre entre nosotros. Su legado vivirá no solo en los títulos conseguidos sino también en las historias compartidas por aquellos que tuvieron la suerte de vivir su magia desde las gradas del Lluís Sitjar.

