El pasado sábado, el estadio de Son Moix vibró como no lo hacía desde hace años. Vedat Muriqi, ese delantero que se ha convertido en la esperanza de los aficionados bermellones, logró un hat-trick que no solo significó tres goles; fue la primera victoria del Mallorca en 2026 contra el Athletic. Y aunque muchos ya conocían su hazaña goleadora, hoy quiero hablarte de lo que realmente importa: la esencia humana detrás del jugador.
Cuando Muriqi marcó su tercer gol y celebró rodeado de sus compañeros, se acercó a la zona VIP donde estaba su mujer, Edibe. Ese abrazo sincero nos recordó que detrás del fútbol hay emociones reales y conexiones profundas. Este gesto fue solo un anticipo de lo que vendría: una fiesta desatada en Son Moix.
Un triunfo celebrado con amor
Y claro, tras la victoria, lo primero que hizo fue buscar a su hijo para celebrar juntos este momento tan especial. En medio de las risas y abrazos con sus compañeros como Samu Costa y Marash Kumbulla, Antonio Sánchez le entregó el balón del partido. Todos querían estar cerca del hombre del día: Muriqi, quien después de casi cuatro años había logrado su primer triplete con el club.
Pero no todo fue celebración vacía. Cuando apareció ante los medios, dejó claro que está comprometido con el Mallorca. A pesar de los rumores sobre un posible interés del Fenerbahçe (donde le ofrecerían más dinero), él cortó esos rumores diciendo: «Renové el verano pasado porque quería asegurar mi vida aquí». Para él, estar en esta isla es mucho más que un simple trabajo; es una cuestión de corazón.
Muriqi también compartió algo íntimo: «Este hat-trick se lo dedico a mi padre porque hoy habría sido su cumpleaños». Esa conexión familiar siempre presente en cada paso que da en el campo. Después de dejar atrás los flashes y las entrevistas, partió a cenar con su familia a Maka Istanbul para disfrutar de un kebab, manteniendo vivas sus raíces incluso en días como este.

