La afición del Mallorca respira un aire de alivio tras la victoria del pasado sábado contra el Athletic Club, pero no se engañen, no es una felicidad desbordante. El triunfo se ha visto empañado por la victoria del Valencia, que ha hecho que ese subidón inicial se convierta en una marea más tranquila. El rival fue mejor, y lo sabemos; no ganó gracias a la espectacular actuación de Leo Román y a un fútbol que ni los propios jugadores parecen entender. Pero lo que nos deja perplejos es esa sensación de tener que pedir perdón por beneficiarnos de decisiones arbitrales. En Vallecas, sin ir más lejos, el equipo salió claramente perjudicado.
Sinceridad o exceso de honestidad
Las declaraciones de Arrasate y algunos jugadores bermellones hablando sobre haberse sentido favorecidos son dignas de aplauso. Claro que sí, ¡qué sinceridad! Pero a veces hay cosas que es mejor callar; no hace falta ser más papista que el Papa.
Y mientras tanto, Andy Kohlberg en el palco podría haber tenido una tarde muy complicada si el resultado hubiera sido otro. La gente en Son Moix no suele ser difícil con los suyos, pero cuando las cosas no van bien, saben alzar la voz. Aunque este sábado fueron cánticos como «Directiva, dimisión» los que resonaron después de caer ante el Rayo. La paciencia tiene un límite y todos lo sabemos.
Así pues, si esta segunda vuelta no mejora, prepárense para volver a escuchar esas frases críticas en cada rincón del estadio. Porque aquí ya nadie se conforma con poco; queremos un equipo agresivo y valiente como solía serlo bajo la batuta de Arrasate.
A medida que avanzamos hacia mayo, las cuentas están ahí para rendirlas y la realidad es cruda: defensivamente volvemos a parecer una verbena y eso va mucho más allá de nuestros zagueros. La dependencia total de Muriqi nos deja vulnerables; si él se resfría… mal asunto para todos nosotros. Ortells tiene trabajo por delante: elevar el nivel de esta plantilla porque necesitamos más.

