En el mundo del fútbol, hay días en los que todo parece ir mal. Y eso es exactamente lo que le ocurrió al Real Mallorca frente al Rayo Vallecano. El equipo bermellón salió al campo con la esperanza de cambiar su suerte, pero se fue a casa con una nueva derrota (2-1) y un sinsabor aún mayor: cierra la primera vuelta con solo 18 puntos, apenas uno por encima del descenso.
La crónica de un desastre anunciado
Desde el pitido inicial, quedó claro que este Mallorca no daba pie con bola. Tras un grave error defensivo de Maffeo, De Frutos logró abrir el marcador. Y aunque Muriqi logró empatar momentáneamente con su undécimo gol de la temporada, la alegría duró poco. Un penalti inexistente señalado por Martínez Munuera dejó al equipo nuevamente en desventaja. ¿Qué les pasa a estos chicos? La sensación es desesperante.
A medida que avanzaba el partido, Jagoba Arrasate, quien ya tiene el crédito muy desgastado, intentó ajustar las piezas sobre el tablero. Pero sus decisiones parecían más improvisadas que planificadas. En lugar de encontrar soluciones claras, los jugadores se movían como peces fuera del agua; sin conexión y descoordinados. Para colmo, la táctica del pelotazo a Muriqi no estaba dando resultado y acabó cambiándose por balones a Virgili que solo generaban frustración.
La segunda parte llegó y ni siquiera jugar contra diez pudo revivir las esperanzas del Mallorca. Intentaron bombardear el área rival sin éxito alguno; simplemente no lograron crear una sola ocasión clara para igualar el encuentro. Es frustrante ver cómo un equipo con tanta historia se convierte en sombra de sí mismo, semana tras semana decepcionando a sus aficionados.
Así pues, queda claro: algo debe cambiar en Son Moix si queremos ver un Mallorca competitivo nuevamente. Con cada jornada que pasa sin soluciones concretas, la afición siente cómo se les escapa la ilusión entre los dedos.

