Con un marcador que apenas reflejaba la realidad del juego, el Mallorca se encontró en una situación complicada en Vallecas. Al minuto 45, el árbitro señaló un penalti en contra que dejó a todos boquiabiertos. Si me preguntas a mí, ese penalti no tenía ni pies ni cabeza. Pero claro, eso no es excusa para lo que estaba por venir.
Con la segunda parte aún por jugar y con el Rayo Vallecano jugando con uno menos, uno podría pensar que era la oportunidad perfecta para demostrar carácter. Sin embargo, el equipo de la isla volvió a dejar mucho que desear. Muriqi fue el único capaz de dar algo de vida al ataque con su gol y un cabezazo de Samu Costa que, lamentablemente, terminó en las manos del portero rival.
Agujeros negros en defensa y mediocampo
La defensa parecía más bien un encefalograma plano. Maffeo y Kumbulla regalaron el primer gol al Rayo como si estuvieran en un picnic. Y qué decir del centro del campo: ¡una nulidad creativa total! Desde las bandas tampoco llegó nada destacable; los cambios desde el banquillo fueron fantasmas que pasaron sin dejar rastro. No sé cómo lo ven ustedes, pero así es difícil competir.
Los números hablan por sí solos: hace un año el equipo cerró la primera vuelta con 30 puntos; hoy solo suman 18. Un retroceso alarmante que deja claro que el discurso está agotado, y las prestaciones son sencillamente decepcionantes. La afición empieza a estar harta, y yo no puedo culparles.

