La atmósfera en Son Moix esta tarde era electrizante. Después de una dolorosa derrota ante el Rayo Vallecano, los aficionados del Mallorca no se guardaron nada y decidieron salir a la calle para expresar su rabia. Con gritos de «Alfonso, vete ya» y «directiva, dimisión», alrededor de treinta seguidores esperaban al autobús del equipo con el corazón encendido. No era un recibimiento cualquiera; era un grito desesperado por cambios.
Tensión palpable entre jugadores y hinchas
El autobús llegó al estadio y, como si fuera una escena sacada de una película, los jugadores comenzaron a salir uno a uno. La tensión estaba en el aire y, evidentemente, Johan Mojica fue quien más la sintió. Se detuvo junto a su coche y durante más de cinco minutos mantuvo un acalorado intercambio con los aficionados que le recriminaban lo sucedido en el campo. Era evidente que la frustración les había llevado al límite.
Mojica, incluso con lágrimas asomando en sus ojos, intentó hacerse entender: “Entiendo vuestro enfado”. Esta conexión emocional pareció calmar un poco las aguas; incluso terminó dándose la mano con uno de los seguidores antes de marcharse. Fue un momento inesperado que hizo que algunos respiraran un poco más tranquilos.
No obstante, otros jugadores como Sergi Darder o Abdón Prats también se detuvieron, aunque sus encuentros fueron menos tensos y más centrados en el diálogo.
Después de que todos los futbolistas se marcharan, Pablo Ortells y Alfonso Díaz salieron a hablar con los hinchas también. Las quejas seguían lloviendo sobre ellos; la frustración colectiva es palpable cuando las cosas no van bien. La situación del Mallorca es insostenible para muchos seguidores que sienten que están tirando a la basura una pasión construida durante años.

