El pasado viernes, el mallorquinismo se vistió de luto para rendir homenaje a uno de sus grandes baluartes, Miquel Contestí. En la Parròquia de Nuestra Senyora de la Lactància, en s’Arenal, amigos, familiares y figuras del fútbol se reunieron para decir un último adiós a quien muchos consideran el presidente más importante en la historia del Mallorca.
Un funeral lleno de emoción y recuerdos
El ambiente era palpable; las lágrimas y sonrisas se entrelazaban mientras los asistentes compartían anécdotas. Entre ellos estaban Alfonso Díaz, CEO del club, Pablo Ortells y otros miembros relevantes del Mallorca. Pero no solo directivos acudieron; también exjugadores como Damià Amer y Miquel Molondro estuvieron allí para rendir tributo. La presencia de estos nombres ilustra el impacto que Contestí tuvo en generaciones enteras.
Monti Galmés y Guillem Reynés recordaron su figura con cariño. Galmés lo describió como “un faro” para todos, mientras Reynés subrayó su personalidad cautivadora: “Los mallorquinistas siempre estaremos en deuda con él”. Esta conexión emocional resuena profundamente entre quienes han vivido el club desde dentro.
Sebastià Oliver, presidente del Moviment Mallorquinista, hizo eco del sentimiento colectivo al proponer que una grada de Son Moix lleve el nombre de Contestí. “Si hoy estamos aquí es gracias a él”, afirmó Oliver con firmeza. Y es que su legado es monumental; salvó al Mallorca en tiempos difíciles y guiaba el barco durante casi catorce años, cuando todo parecía perdido.
Miquel Contestí no solo fue responsable del ascenso del equipo a Primera División en tres ocasiones, sino que también llevó al club a su primera final de la Copa del Rey en 1991. Su fallecimiento a los 92 años hace poco más de una semana ha dejado un vacío imposible de llenar pero ha reavivado la memoria sobre lo que significa ser mallorquinista.

