La situación del Real Mallorca se ha convertido en un verdadero calvario para los aficionados. El fútbol que se despliega sobre el césped de Son Moix ya no engancha, y la frustración crece como una sombra inquietante. ¿Qué ha pasado con ese equipo que solía hacer vibrar a sus seguidores? En cada partido se siente una desilusión palpable, un dolor que se hace más intenso tras la última derrota ante el Girona, que, aunque merecida, ha reabierto las heridas de un mallorquinismo herido.
Desde hace tiempo, el juego es más bien soporífero. El entrenador Jagoba Arrasate parece estar perdido en un laberinto sin salida; sus decisiones no logran conectar con la realidad del equipo y los jugadores, lejos de mejorar, parecen retroceder. Y mientras tanto, la distancia entre los aficionados y la directiva se agranda día a día. Muchos ya sienten que ir a ver al Mallorca es casi un acto masoquista.
Un proyecto tambaleante y unas expectativas que caen
A lo largo del último año hemos visto cómo las esperanzas se desvanecen. La catástrofe de Pontevedra marcó el inicio de esta travesía por el desierto. Ganar un partido se ha vuelto una misión casi imposible; la consistencia brilla por su ausencia y cada jornada parece una repetición del desastre anterior. La falta de claridad en el juego solo alimenta la frustración entre los aficionados, como quedó demostrado este domingo cuando nadie creyó que el equipo pudiera revertir el 0-1 en contra.
A pesar de contar con algunas luces en medio de tanta oscuridad —como la ilusión juvenil de Virgili, o el renacer goleador de Muriqi— son pocos los jugadores cuyo rendimiento haya crecido realmente. Nombres como Raíllo, Mojica, o Darder están decepcionando cuando más se les necesita.
Y si esto fuera poco, la desconexión entre los seguidores y la dirección del club es alarmante. Comentarios como ‘no tengo ganas de ir a Son Moix’ empiezan a ser comunes en las redes sociales, reflejando un sentir colectivo que debería preocupar a quienes manejan las riendas del club. La falta de resultados nos tiene al borde del descenso; todo indica que necesitamos urgentemente victorias para recuperar algo de esa fe perdida.
Parece claro: solo un buen mercado invernal y algunos triunfos pueden cambiar esta narrativa sombría. Pero mirando al futuro inmediato con partidos difíciles por delante —como el próximo encuentro contra el Rayo Vallecano— hay mucha incertidumbre sobre si podremos encontrar ese camino hacia la redención tan anhelado por todos nosotros.

