Miquel Contestí es uno de esos nombres que deberían estar grabados a fuego en la memoria de todos los mallorquinistas. Su historia con el Real Mallorca es una auténtica odisea que, si nos paramos a pensar, nos deja sin aliento. En 1978, cuando el club estaba al borde del abismo y apenas unos pocos románticos mantenían la llama viva, él dio un paso al frente. ¿Y qué hizo? Asumió la presidencia de un equipo que se desmoronaba como un castillo de naipes.
Recuerdo aún su frase desgarradora: «Cuando llegué al Mallorca solo había ratas». Esa cruda realidad hablaba por sí sola: cinco jugadores contados y una deuda astronómica de más de 80 millones de pesetas. Hoy, esa cifra sería un verdadero escándalo. El equipo se encontraba hundido en Tercera División, tocando fondo como nunca antes lo habíamos visto.
La valentía que cambió todo
A pesar del panorama desolador, Contestí no se dejó amedrentar. Tenía fe y convicción. Con su valentía logró convencer a Pablo Porta para obtener un préstamo de trece millones, algo impensable hoy en día. No solo logró resucitar al Mallorca; también despertó en nosotros, los mallorquinistas genuinos, ese amor por nuestro equipo.
Yo siempre digo que ser socio en aquellos tiempos tenía mucho más valor que ahora, con estadios llenos y éxitos constantes. Recorríamos cada rincón de la isla tras nuestro equipo mientras encadenábamos victorias inolvidables. Era una prueba constante de fidelidad y pasión.
Con el tiempo llegó el ascenso en Segunda B gracias a figuras como Paco Bonet y otros nombres que forman parte de nuestra historia colectiva: Oviedo, Serra Ferrer… Todos ellos junto a Contestí nos devolvieron el orgullo perdido y nos hicieron sentir nuevamente grandes.
No olvidemos sus 14 años como presidente: tres ascensos a Primera División y hasta una primera final de Copa del Rey para recordar con nostalgia. Pero su salida llegó cuando vio cómo el fútbol se transformaba en un negocio frío e impersonal; él era hombre del pueblo, del verdadero fútbol donde los socios importan más que las cifras.
Aquel minuto de silencio ante el Girona este domingo será un gesto bonito pero insuficiente para honrar a quien salvó nuestra pasión cuando nadie más quiso intentarlo. Miquel Contestí no debería caer en el olvido entre quienes sentimos esta camiseta tan profundamente.
Sigo convencido: desde donde esté, Miquel seguirá animando a nuestro Mallorca con esa misma entrega con la que decidió salvarlo hace tantos años.

