La pasión por el Mallorca se siente a flor de piel, y este fin de semana se ha dejado ver con fuerza en Mestalla. Más de 600 seguidores del equipo bermellón han viajado para apoyar a su club, un reflejo del buen momento que vive la afición. Pero, ¿cuáles son las claves detrás de este fenómeno? La respuesta es sencilla: el amor por los colores rojo y negro, y un esfuerzo colectivo que va mucho más allá del simple hecho de ir al fútbol.
El regreso del mallorquinismo
A pesar de las dificultades que presenta ser hincha en una isla como Mallorca, donde depender de aviones o barcos para asistir a partidos puede resultar complicado y caro, la comunidad no se deja amedrentar. Los precios asequibles en la zona visitante —gracias a un acuerdo entre varios clubes— han facilitado que muchos puedan hacer el viaje. Con entradas a menos de 30 euros, es más fácil decir «sí» a una escapada para animar al equipo.
Sebastià Adrover, representante del Moviment Mallorquinista, ha sido fundamental en este crecimiento. Su organización permite que los desplazamientos sean accesibles y divertidos. Desde hace tiempo, hemos visto cómo los mallorquinistas han vuelto a llenar las gradas rivales cada vez que el equipo juega fuera. Ya sea un lunes lluvioso o un domingo soleado, siempre hay un grupo dispuesto a dejarse la voz apoyando desde la grada.
Y no podemos olvidar la cantidad de mallorquines viviendo en la península. Muchos aprovechan estos encuentros para reunirse con amigos o disfrutar de unas mini vacaciones mientras ven jugar al Mallorca. Es una manera perfecta de mantener viva esa conexión con su tierra y su equipo.
Así que sí, el mallorquinismo está más vivo que nunca y promete seguir creciendo. Con seis partidos por delante esta temporada lejos de casa, cada victoria será vital para alcanzar ese sueño europeo. Y si lo hacemos juntos, desde luego será mucho más emocionante.