El pasado 15 de marzo, el Mallorca se enfrentó al Espanyol en un partido que dejó a todos los aficionados con el corazón en un puño. La historia comenzó con una sorprendente autogol por parte del equipo local, un error que podría haber desmoronado a cualquier grupo. Pero, como buenos guerreros, los rojillos no se dieron por vencidos.
La relación del Mallorca con el gol es tan complicada que para llevarse la victoria por 2 a 1 necesitaron tres penaltis y solo uno terminó colando entre las redes. No obstante, fue una noche llena de emoción y nerviosismo donde pudimos ver a jugadores como Asano y Dani buscando ese momento de gloria, pero la puntería sigue siendo un tema preocupante.
Un desenlace inesperado
Muriqi fue el protagonista absoluto de esta montaña rusa emocional. Primero marcó en propia puerta, luego falló un penalti y pasó otro a su compañero Abdón, quien también lo erró. Sin embargo, cuando todo parecía perdido y la afición ya estaba desorientada al borde del minuto 101, Muriqi tuvo la osadía de lanzarse nuevamente al ruedo y anotó el gol decisivo que hizo estallar Son Moix en júbilo.
Por su parte, Abdón no está contento con su rol actual. Se ha planteado salir y parece querer reivindicarse; aunque provocó un penalti que no convirtió, su fe se vio recompensada gracias a Muriqi en una jugada final desesperada.
El Espanyol se marchó molesto con las decisiones arbitrales, algo que todos podemos entender si nos ponemos en su lugar. Imaginen qué pasaría si alguna vez le toca vivir eso al Mallorca fuera de casa; seguro estaríamos hablando mucho más de ello. Al final del día, este es el fútbol: impredecible pero emocionante.