En el corazón de Palma, el RCD Mallorca vive un momento agridulce. La solidez que caracterizó al equipo en la primera vuelta del campeonato ha comenzado a desvanecerse, convirtiendo lo que antes era una muralla defensiva en un punto débil. En 2025, el equipo ha visto cómo su capacidad para mantener los resultados se ha esfumado, permitiendo empates en tres ocasiones que jamás imaginaríamos tras las primeras jornadas.
Una defensa que ya no es impenetrable
Recordemos aquellos días en los que nadie podía quitarle una victoria al Mallorca. Durante la primera parte de la Liga, los bermellones se ponían por delante y aseguraban su ventaja con una defensa férrea. Pero ahora, esa misma fortaleza parece haber desaparecido. De las once veces que han abierto el marcador esta temporada, solo han conseguido mantener la portería a cero en cuatro ocasiones; un dato preocupante para cualquier aficionado.
Las estadísticas son claras: desde diciembre no han dejado su arco intacto y eso duele. Cada gol encajado es como una puñalada al corazón de los seguidores, deseosos de ver a su equipo pelear por lo más alto. Y no es solo mala suerte; hay algo más profundo detrás de este cambio.
En este sentido, Jagoba Arrasate tiene mucho trabajo por delante. A pesar de tener buenas intenciones y contar con talento en sus filas, aún no ha logrado encontrar la fórmula mágica para regresar a esa senda triunfal. Como bien dijo tras el empate contra el Alavés: «Es algo que tenemos que mejorar porque la primera vuelta ha sido buena en parte por la solidez defensiva».
Así las cosas, el próximo partido contra el Espanyol podría ser clave para volver a encarrilar la temporada y demostrar que ese espíritu combativo del Mallorca sigue vivo. Ojalá podamos ver a un equipo decidido a recuperar esa fiabilidad tan necesaria si quieren alcanzar sus objetivos este año.