El fútbol es un juego de oportunidades, y ayer, en San Mamés, el RCD Mallorca dejó escapar una que podría haber cambiadolo todo. Aunque sacar un punto del feudo del Athletic es, a priori, un buen resultado para cualquier equipo, la realidad fue muy diferente para los de Jagoba Arrasate. La verdad es que los mallorquinistas no supieron aprovechar la versión más floja del equipo bilbaíno, que parecía más centrado en su próximo encuentro europeo contra la Roma que en este partido.
Un empate insatisfactorio
A pesar de no ser inferiores a los vascos durante el encuentro, el Mallorca no logró mantener la ventaja inicial gracias al gol de Raíllo. Y cuando se presentó una clara ocasión para aumentar la diferencia, fue el propio Samu Costa, con un error garrafal, quien mandó la pelota a las nubes. Era casi un gol cantado y podría haber significado darle la vuelta al marcador con un 1-2 a favor. No podemos negar su compromiso en el campo; sin embargo, hay días en que simplemente no sale lo esperado.
No solo fue culpa de Costa; el equipo perdió fuerza tras los cambios realizados por Ernesto Valverde, cediendo el control del balón al Athletic. Además, los laterales como Mojica y Maffeo no estaban precisamente inspirados. Así llegó el empate local en una jugada evitable. Es frustrante ver cómo ni con cinco defensas logran mantener su portería a cero y cómo les cuesta tanto salir jugando desde atrás. Este mismo problema ya lo hemos visto repetido varias veces esta temporada.
Ayer vivimos otra vez esa mezcla de tedio y esperanza: una primera parte aburrida hasta decir basta y una segunda mitad algo más animada gracias a los goles registrados. El Mallorca sigue sin conocer la victoria, pero tampoco ha perdido; con tantos empates quizás se acercan poco a poco a sus objetivos. Es hora de que aprendan de estos errores y busquen convertir esas oportunidades en tres puntos vitales.