El mundo del fútbol está lleno de historias, algunas más sorprendentes que otras. Pero pocas pueden competir con la anécdota que Jaume Costa, exjugador del Real Mallorca, compartió recientemente en el podcast Offsiders. Este valenciano no solo ha dejado huella en el campo, sino que también nos regala un vistazo a momentos inesperados de su carrera.
Después de cuatro meses lidiando con una lesión, Costa se sentó a charlar sobre sus vivencias en diferentes equipos y, claro está, sobre su etapa como bermellón. Recuerda cómo llegó al Mallorca: «Pensé que iba rebotado y encontré un vestuario increíble», cuenta. Y es que el primer año fue complicado; venían de Segunda y había mucho por construir. Pero tras firmar dos años y una renovación adicional, las cosas empezaron a tomar forma.
Un personaje entrañable
Hablando de personajes entrañables, no se puede dejar de mencionar a Javier Aguirre. Para Costa, el técnico mexicano era más que un entrenador; lo considera como un segundo padre. Pero aquí viene lo mejor: durante uno de esos desayunos matutinos cargados de rutina y buena compañía, Aguirre vivió una experiencia digna de recordar. «Era un personaje de mucho cuidado», dice entre risas mientras recuerda aquel episodio. «Casi lo veo morir» agrega con tono cómico.
La escena fue surrealista: Aguirre se atragantó con un trozo de pan justo cuando Costa entraba al comedor. El médico estaba detrás intentando ayudarlo mientras él comenzaba a beber agua –algo que todos sabemos no es la mejor idea en ese tipo de situaciones–. Al ver cómo salía agua por su boca, Jaume pensó para sí mismo: “Este tío está meando por la boca”. Un momento digno del mejor guion cómico.
A pesar del susto, Costa resalta la cercanía y apoyo que siempre recibió por parte del técnico: “Conmigo fue como un padre”, afirma sinceramente. En tiempos difíciles, como durante la DANA (la tormenta), Aguirre fue uno de los primeros en preocuparse por el bienestar del jugador y su familia.
Costa también tiene palabras amables para Luis García, quien le abrió las puertas al Mallorca: «Gracias a él viví tres años maravillosos allí». No se olvida tampoco del esplendor natural e histórico que ofrece la isla: «Es una ciudad donde todos deberían ir al menos una vez en la vida» concluye con nostalgia.