Manu Morlanes ha vuelto a sentir la adrenalina del fútbol. Después de casi dos meses fuera de los terrenos de juego por una lesión sufrida en la semifinal de la Supercopa ante el Real Madrid, este centrocampista del Real Mallorca se reincorporó al equipo en un partido crucial contra el Alavés. La emoción era palpable, aunque también lo era la falta de ritmo que traía consigo tras su ausencia.
Un viaje difícil pero gratificante
Durante su tiempo fuera, Manu no se quedó quieto. «Por suerte o por desgracia, estoy curtido en este tipo de situaciones», asegura con una sonrisa. A pesar del reto que representa volver a competir después de estar tanto tiempo alejado, él sabe que esto es parte del juego. Las largas sesiones en el gimnasio con su compañero Christian le ayudaron a mantenerse en forma, aunque siempre anhelando regresar al césped.
«Las primeras semanas eran solo cicatrizar», recuerda, y menciona cómo cada día junto a sus compañeros durante los desayunos hacía que todo resultara más llevadero. Ahora, con una mezcla de felicidad y nostalgia, reconoce que estar lejos del campo no es algo que le agrade a ningún jugador. Sin embargo, ha sabido aprovechar ese tiempo para disfrutar de momentos familiares y explorar otros hobbies que normalmente quedan relegados cuando está inmerso en la competición.
Manu está listo para ser una pieza clave en las últimas jornadas del campeonato bajo las órdenes de Jagoba Arrasate. Con su regreso, no solo recupera un puesto dentro del equipo; también nos recuerda lo importante que es luchar y levantarse tras cada caída.