El Real Mallorca dejó a todos con una sensación de vacío en su partido contra el Alavés. Tras un primer tiempo donde se mostró más que competitivo, la segunda parte fue un completo enigma. Nadie sabe qué sucedió en ese intervalo, pero lo cierto es que el equipo de Jagoba Arrasate se desdibujó y permitió que los visitantes se adueñaran del juego.
A pesar de que la primera mitad no fue espectacular, el Mallorca salió al descanso con una ventaja gracias a un golazo de Asano. Se sentía la confianza en las gradas, pero también había un aire de inquietud por esas ocasiones perdidas que podrían haber sellado el triunfo. Muriqi tuvo dos grandes oportunidades, pero la puntería le falló; una falta de acierto que acabaría costando caro.
Una segunda parte para olvidar
Lo inexplicable llegó tras el descanso: el Mallorca comenzó a retroceder, como si la presión del rival hubiera activado algún mecanismo extraño. Las conexiones entre los jugadores se cortaron, y cada pase parecía más errático. El Alavés encontró su oportunidad y no dudó: Kike García empujó un balón fácil al fondo de la red y todo lo bueno acumulado durante esos primeros 45 minutos se desvaneció.
Jagoba Arrasate entró a la sala de prensa visiblemente frustrado; sus palabras reflejaban una rabia contenida al ver cómo un partido tan favorable terminó siendo un punto en casa cuando debería haber sido una victoria clara. “Tengo que analizar bien lo que ha pasado”, comentó con tono serio. Y nosotros nos preguntamos: ¿qué le pasó al equipo? La lucha por Europa sigue viva, pero hay demasiados errores por corregir antes de visitar San Mamés, donde las distracciones no son bienvenidas.