El ambiente en Son Moix era electrizante, y no es para menos. Todos sabemos que un partido como el Mallorca-Alavés puede ser una montaña rusa de emociones. Y aunque he visto cientos, por no decir miles, me atrevería a decir que nunca terminan del todo bien cuando las expectativas son altas.
Jagoba Arrasate, nuestro entrenador, estaba ilusionado con la posibilidad de que los aficionados soñaran con Europa. Pero al final del día, ¿quién necesita esos sueños si pueden convertirse en pesadillas? Como diría Trump, esa Europa parece más un incordio que una meta alcanzable.
Un empate que sabe a poco
La jornada prometía. En el aire flotaba el espíritu festivo: himnos de la Fan Zone, camisetas especiales por el Día de les Illes Balears y todo listo para celebrar a lo grande. Pero al final del encuentro, nos quedamos con un empate. Y aunque Takuma Asano brilló con su golazo, no se puede ignorar el hat-trick fallido de Muriqi; eso sí que va a quedar grabado en nuestra memoria como un momento histórico.
A pesar de recibir al Alavés, un equipo herido y en zona de descenso, nada salió como esperábamos. Nos congelamos ante ellos mientras ellos disfrutaban estropeando nuestra fiesta. Es cierto que algunos verán la botella medio llena: cuatro partidos seguidos sumando puntos tras aquella racha oscura de enero. Pero ahora toca pensar en el próximo reto: enfrentarnos al Athletic de Bilbao en San Mamés… ¡que no será fácil!
Darder también dejó claro que hoy no fuimos lo suficientemente inteligentes en el campo. Quizás ese sea nuestro mayor desafío: aprender a manejar estos momentos sin dejar que nuestras esperanzas se conviertan en decepciones.