La tarde del domingo en el Sánchez Pizjuán se iluminó con la entrada de Robert Navarro al terreno de juego. Fue en el minuto 67 cuando el extremo catalán, aclamado por la afición, saltó al campo y transformó por completo la dinámica del partido. Con su agilidad y visión, no solo generó ocasiones, sino que también asistió en el gol del empate, demostrando que su presencia es vital para el Mallorca.
Un impacto inmediato
Desde su llegada al campo, Navarro dejó claro que estaba aquí para hacer daño. Su primera jugada casi termina en gol; un remate que se fue por encima del travesaño tras un pase magistral de Muriqi. Pero eso no fue todo. La presión del Mallorca aumentaba y él era el motor detrás de cada ataque. Su capacidad para regatear y filtrar pases se volvió esencial en una segunda mitad donde los bermellones buscaban desesperadamente nivelar el marcador.
El momento culminante llegó con un centro preciso de Navarro que terminó en las redes gracias a Valjent, quien aprovechó un error del portero rival. Sin duda alguna, Robert dejó claro que tiene mucho que aportar aún durante sus últimos trece partidos con el equipo antes de despedirse este verano.
Jagoba Arrasate lo ha dejado caer: «Disfrutemos lo que queda de él». Y es cierto; cada encuentro se siente como una oportunidad dorada para ver brillar a un jugador cuya irregularidad ha sido su mayor enemigo hasta ahora.
Aunque los números no le hacen justicia —solo un gol y una asistencia desde su llegada—, la influencia de Navarro va más allá de las estadísticas. A sus 22 años, todavía tiene camino por recorrer y parece que ese futuro podría estar lejos de Mallorca si no logra aprovechar estas últimas oportunidades.