El Real Mallorca ha vuelto a sonreír en este inicio de 2025, y lo ha hecho a lo grande. Tras una racha de resultados decepcionantes que parecían empujarlos al abismo, el equipo bermellón se reencontró con su identidad al vencer a Las Palmas por 3-1. Este triunfo no solo era necesario; era vital para levantar la moral del grupo y dar un golpe sobre la mesa en Son Moix.
Un regreso a los orígenes
El técnico Jagoba Arrasate, bajo presión tras un periodo sin victorias, decidió recuperar ese sistema 4-4-3 que tan buenos frutos había dado al principio de la temporada. Y vaya si dio resultado. Apostando por dos extremos que desgastan a la defensa rival y confiando en Muriqi como referencia ofensiva, el Mallorca mostró una cara completamente diferente. A pesar de algún susto inicial, el equipo fue cogiendo ritmo y dejó claro que había vuelto para hacer daño.
La victoria llegó en un contexto donde todos esperábamos ver algo más que un simple resultado positivo; queríamos ver el fútbol vibrante y dinámico que caracteriza a este equipo. Mojica brilló en su banda, Darder aportó claridad desde el centro del campo y Dani demostró que la edad es solo un número cuando se juega con ganas y talento. Cada pase, cada jugada, hablaba de una renovada confianza.
Arrasate declaró después del partido: “La victoria nos libera”. Y no le falta razón. La presión de no ganar se ha disipado, dejando paso a la ambición de conseguir más puntos en los próximos encuentros. La plantilla volverá al trabajo renovada tras unos días libres; ahora toca mirar hacia adelante y aspirar incluso a metas más altas.