En el mundo del fútbol, a veces hay momentos que definen el rumbo de un partido. Y, curiosamente, no siempre son los aciertos los que marcan la diferencia. Este fue el caso en el duelo entre el Mallorca y Las Palmas. Apenas habían transcurrido tres minutos cuando Javi Muñoz recibió un pase dentro del área y se encontró cara a cara con Greif. Todos en Son Moix contenían la respiración, pero su disparo flojo terminó en manos del portero rojillo. Ese fallo fue clave.
La reacción del equipo
En lugar de hundirse, ese error encendió al Mallorca como una chispa en la pólvora. Con ganas de comerse el campo, a los cuatro minutos ya estaban celebrando: Muriqi, resucitado y listo para dar guerra, se aprovechó de un magnífico centro de Dani Rodríguez -¡vaya partidazo el suyo!- para abrir la lata. Desde ese momento, el equipo mostró su mejor versión; dominaban cada rincón del campo como auténticos titanes. Darder brillaba en la creación y las bandas se incendiaban gracias a Maffeo y Mojica, que desbordaron a la defensa canaria.
La primera parte fue un espectáculo digno de recordar: tres goles subieron al marcador y pudieron ser más si no hubiera sido por un Las Palmas que llegaba mermado por las bajas de Kirian, Silva y Sandro. Lo importante aquí es que este Mallorca tiene potencial para soñar con algo más que simple supervivencia en la categoría.
Tras el descanso, quedaba comprobar si podían sostener esa ventaja después del tropiezo ante Osasuna. Aunque concedieron un gol e incluso permitieron ciertos momentos de dominio rival, lo cierto es que tuvieron suficientes oportunidades para anotar otro tanto más. Finalmente, esta victoria marca un nuevo comienzo para el Mallorca de Arrasate; ¡el verdadero equipo está de regreso!