Palma, 11 de febrero de 2025. Tras 500 minutos sin marcar, Vedat Muriqi ha vuelto a ser protagonista para el RCD Mallorca. El delantero kosovar, con un penalti transformado, ha conseguido poner fin a una racha que ya empezaba a pesar como una losa sobre sus hombros y los del equipo. Sin embargo, aunque celebramos su gol, no podemos ignorar el regusto amargo que deja este empate contra Osasuna.
Muriqi y la lucha por volver a brillar
Aunque Muriqi hizo lo que debía hacer en momentos difíciles –no rendirse–, el equipo se quedó corto. Su tanto llegó tras una jugada astuta donde provocó un penalti muy claro de Catena. Consciente de la presión acumulada y sus errores pasados desde los once metros, como aquel fallo ante Las Palmas el año anterior, Muriqi tomó la responsabilidad con determinación. Engañó al portero Sergio Herrera y desató la euforia entre los aficionados bermellones.
Sin embargo, no todo fue perfecto. En el partido falló dos ocasiones claras que podrían haber cambiado la historia de este encuentro. La primera llegó tras un mal control de un buen pase de Robert Navarro; y la segunda fue un disparo desviado dentro del área que no puso en aprietos al guardameta rival.
Lo positivo es que este gol puede ser el puntapié inicial para recuperar su mejor versión y ayudar al Mallorca a salir del bache en el que está sumido desde diciembre pasado. Después de ocho partidos sin ver puerta (cuatro como titular), este tanto es más que necesario: es una señal esperanzadora para todos nosotros, los seguidores del equipo.
En definitiva, aunque seguimos lamentando las oportunidades perdidas y quedarnos solo con un punto en casa, celebrar la vuelta al gol de Muriqi nos recuerda que aún hay razones para creer en este equipo.