Con una imponente estatura de casi dos metros, Alan Vitor Oliveira Ferreira no solo es un maestro del Brazilian Jiu Jitsu, sino que también es un enamorado de su vida. Originario de Salvador de Bahía, Brasil, Alan llegó a Mallorca en 2008 y se enamoró no solo del lugar, sino también del arte marcial que ha marcado su existencia. «Sin el BJJ no sería nada; este deporte le da sentido a quien soy», dice con una sinceridad que toca el corazón.
Un camino lleno de desafíos y sueños
Antes de dedicarse plenamente al jiu jitsu, Alan jugaba al baloncesto, pero la vida lo llevó por otro camino gracias a un amigo que le presentó este mundo. Desde entonces, no ha dejado el tatami. «Cuando llegué aquí, me ofrecieron un patrocinio para pelear y adquirí la nacionalidad española. Aunque amo Brasil, Mallorca se ha convertido en mi hogar», confiesa.
Recientemente se subió al podio en el Campeonato Europeo celebrado en Lisboa y aunque logró una medalla de bronce, aún siente que le falta algo: «Perdí contra el actual campeón porque quise jugar limpio y él se aprovechó». Un dato que pocos conocen es que compitió con una rotura de fibras en su brazo izquierdo justo antes del torneo: «La adrenalina lo supera todo; cuando estoy compitiendo me olvido del dolor».
A pesar de las dificultades económicas que enfrenta en un deporte tan exigente como este –con viajes y equipamiento costoso– Alan continúa luchando por sus sueños. Con la mirada puesta en el campeonato mundial que tendrá lugar en Las Vegas este agosto, asegura: «Esa competición está marcada a fuego en mi calendario».
Fuera del tatami, Alan trabaja en la noche mallorquina y sabe lo duro que puede ser lidiar con ciertos problemas. Sin embargo, su mayor motivación es Katie Salila, su prometida y fan número uno desde hace 15 años. Ambos comparten esta aventura donde él enseña a nuevos talentos en el gimnasio Shinkai. “La cantera está creciendo; cuando llegué había solo dos gimnasios de BJJ”, destaca con orgullo.
Aunque cuenta con apoyos como Tattoo Nation o Tiger Tiger para seguir adelante, no pierde la esperanza de obtener más ayuda para poder llevar su pasión más allá. Así sigue escribiendo su historia sobre el tatami: con esfuerzo, amor y mucha determinación.

