En el Gran Premio de China, las cosas no fueron nada sencillas para Fernando Alonso y Lance Stroll. Ambos pilotos se enfrentaron a un reto monumental: 33 vueltas de vibraciones desgastantes que parecían poner a prueba tanto su resistencia física como su salud mental. Mientras los fans se mantenían pegados a sus pantallas, el director de operaciones de Aston Martin, Mike Krack, no dudó en manifestar su descontento hacia la prensa. Según él, hay preguntas que son simplemente inapropiadas, sobre todo cuando los pilotos ya están lidiando con un coche que no da la talla.
Las oscilaciones acumuladas y el papel de la prensa
Durante la carrera, las vibraciones se hicieron más intensas, pero no por una cuestión del circuito; era porque Alonso nunca había corrido tantas vueltas consecutivas en este estado. «No sentía ni las manos ni los pies», decía Fernando al final de la carrera, visiblemente agotado. Sin embargo, Krack decidió quitarle hierro al asunto, insinuando que parte del problema venía también del bombardeo constante de preguntas de los medios. Su idea era clara: el coche es un desastre, pero las preguntas son peores. Un mensaje directo que dejó claro cómo ve Aston Martin esta situación crítica.
A medida que pasaban los minutos en el paddock y tras la carrera, quedó claro que no solo eran las vibraciones lo preocupante; también está el rendimiento del vehículo. A pesar de implementar algunos materiales aislantes para mitigar el malestar, todos sabían que eso no solucionaba el verdadero problema: un motor defectuoso y unos tiempos alarmantemente bajos en comparación con sus rivales.
Aunque Krack intentó mantener una actitud optimista al hablar sobre posibles soluciones y mejoras a corto plazo junto a Honda, es evidente que están lidiando con una montaña rusa emocional. Como él mismo mencionó: “Los pilotos son humanos”. Así que tal vez deberíamos ser más comprensivos con ellos antes de lanzarles preguntas incendiarias sobre su sufrimiento tras cada carrera.

