En el mundo de la Fórmula 1, donde los giros son tan rápidos como los coches, Lewis Hamilton parece estar recuperando la fe. Tras un 2025 marcado por la frustración y el desánimo, donde casi tira su móvil a la basura tras un final de temporada desastroso, el siete veces campeón del mundo vuelve a sentirse vivo. ¿Cómo es posible? Pues simplemente porque este 2026 trae consigo un Ferrari que promete más de lo que se esperaba.
Un nuevo comienzo
Los últimos meses habían sido duros para Hamilton. Con cuatro eliminaciones consecutivas en la Q1 y una batalla desigual contra su compañero Charles Leclerc, cada carrera era como una montaña rusa emocional. Sin embargo, al llegar este nuevo año, las cosas parecen haber cambiado. El nuevo Ferrari se presenta como un verdadero candidato al título, y Hamilton lo siente en sus venas. «Este coche sí tiene mi ADN», afirma con una sonrisa renovada.
La realidad es que el optimismo ha vuelto a su vida. En sus redes sociales no duda en afirmar: «No me voy a ningún lado». Es un mensaje claro para todos aquellos que pensaban que había llegado el fin de su historia. Este Hamilton es diferente; más centrado y listo para luchar por ese ansiado octavo título.
Incluso Bernie Ecclestone, quien le sentenció el año pasado, ha cambiado de opinión: «Quizá este año lo consiga; sería una historia bonita», dice con cierto aire nostálgico por los viejos tiempos. Para Lewis Hamilton, esta podría ser su última gran oportunidad en la pista tras 380 Grandes Premios y más de 100 victorias en su palmarés.
Aunque no hay nada fácil en este deporte donde cada carrera puede ser decisiva y las estrellas luchan por brillar más que nunca, él está preparado para dejarlo todo sobre la mesa. La meta está clara: cerrar su carrera gloriosa como el número uno indiscutible. Y esa meta está ahora más cerca que nunca.

