El Gran Premio de las Américas, que prometía ser una jornada emocionante para los aficionados al motociclismo, se vio sacudido por un hecho insólito. En la vuelta de reconocimiento, cuando todos esperaban que la adrenalina comenzara a fluir, el safety car perdió el control y se estrelló en la curva 14 del trazado texano. Sí, has leído bien: el coche de seguridad, ese que debería velar por la seguridad de los pilotos, acabó con el morro dañado justo antes de que diera inicio la carrera.
Un comienzo turbulento para una gran cita
Marc Márquez, quien había brillado durante toda la clasificación y parecía listo para reinar en su ‘jardín’, tuvo que ver cómo todo cambiaba en cuestión de segundos. La situación se tornó caótica; aunque los pilotos estaban preparados en sus posiciones -algunos optando por neumáticos lisos y otros por los de lluvia-, el accidente del safety car obligó a repensar estrategias y decisiones. De repente, todos tuvieron que cambiar a slicks al comprobar que las condiciones eran favorables.
La bandera roja ondeó mientras los organizadores intentaban solucionar lo ocurrido. Y así fue como, 15 minutos antes del semáforo verde, se modificaron las reglas sobre la marcha y la carrera quedó recortada a 19 vueltas. Para Davide Brivio, mánager de Ai Ogura y uno de los más afectados por este giro inesperado de eventos, esto no era manera de gestionar una carrera: «Estoy super enfadado para ser honesto», dijo entre frustraciones. «Tomamos un riesgo calculado y cuando llegó el momento clave… ¡pararon todo!» La indignación en sus palabras reflejaba lo surrealista del momento.
Aquella jornada en Austin nos dejó una lección clara sobre cómo incluso lo más planificado puede salir mal. Pero eso es parte del espectáculo: emoción pura donde nada está garantizado y donde cada segundo cuenta.