Maverick Viñales, un nombre que ha resonado en el mundo del motociclismo, se encuentra ahora ante lo que él mismo describe como «el reto más grande» de su trayectoria. Tras dejar atrás una etapa complicada con Aprilia, el piloto catalán ha cambiado de aires y se ha subido a la KTM Tech3, una decisión cargada de esperanza pero también de incertidumbre.
Retos y recuerdos en Austin
En noviembre de 2024, durante su primer test con la nueva moto en Barcelona, Maverick sentía que las cosas podían cambiar. Estaba emocionado y no era para menos; la posibilidad de ganar con una cuarta marca iluminaba su camino. Pero la realidad le ha dado un golpe duro: tras las primeras carreras de 2025, está luchando por salir del fondo de la tabla, ocupando un triste 17º lugar con apenas cuatro puntos. Sin embargo, hay luz al final del túnel: llega Austin, el lugar donde logró su última victoria con Aprilia y donde se coronó tras una remontada épica que quedará grabada en su memoria. «Ese momento fue muy especial para mí. Mis hijas ahora me llaman Batman», recuerda con una sonrisa.
Afrontar este cambio no es fácil. Maverick es consciente de que KTM no gana desde hace tiempo y reconoce que todavía tiene mucho camino por recorrer. «Sé que me irá bien a largo plazo, pero por ahora estoy lejos», admite. Es difícil ver cómo sus rivales avanzan mientras él intenta encontrar su ritmo.
Sabe que necesita paciencia y confianza: «Siempre he estado entre los primeros, así que estar sufriendo para volver a esa posición es complicado. Este año quiero enfocarme en mejorar mi técnica y mi confianza», dice decidido.
Pese a todo, tiene claro dónde están sus dificultades y no pierde la esperanza. Se siente cerca de otros pilotos como Pedro Acosta o Brad Binder, convencido de que mejorando algunos detalles técnicos podrá dar ese salto cualitativo necesario para volver a brillar sobre la pista.