El Gran Premio de China ha sido un verdadero laberinto para Carlos Sainz. En un fin de semana que prometía ser emocionante, el español se ha encontrado con una realidad difícil de tragar. Al final, el piloto de Ferrari partió desde la 15ª posición tras una qualy repleta de incertidumbres. «Hay cambios para la carrera, pero en la qualy estás más perdido», confesó con sinceridad después de una jornada que dejó mucho que desear.
Un sábado complicado y autocrítico
La situación no es sencilla. La lucha por estar entre los mejores se ha convertido en un auténtico caos este año, especialmente en la zona media donde todos buscan un resquicio para brillar. Sainz lo expresó claramente: “Nos faltan cosas todavía. Fui más rápido en la Q1 que en la Q2 y eso me termina pesando”. Y es que el cambio de configuración del coche no ayudó a mejorar su rendimiento; al contrario, le hizo sentir como si estuviera navegando sin brújula.
A medida que las horas avanzaban y la presión aumentaba, Sainz se mostró crítico pero realista sobre su situación. Se dio cuenta de que Williams había hecho avances mientras él lidiaba con problemas visibles en su monoplaza. “Es más difícil de conducir que en Bahréin y Melbourne”, comentó Alex Albon, su compañero de equipo, quien logró sortear mejor los obstáculos y terminó 10º. Para Sainz, esto fue un duro golpe; ver cómo otros equipos avanzan mientras él siente que está estancado genera frustración.
A pesar del desánimo palpable, Carlos tiene claro qué debe hacer ahora: “El objetivo es encontrar comodidad”, dijo al referirse a los ajustes del coche. Y aunque reconoce que aún les queda camino por recorrer antes de lograr esa estabilidad deseada, confía en su habilidad para adaptarse a las exigencias del circuito chino.
Así pues, mientras se preparan para afrontar una carrera llena de incógnitas sobre neumáticos duros y estrategias complicadas, Sainz deberá dar lo mejor de sí mismo tras un sábado complicado donde las oportunidades parecían escasas.