En el reciente GP de Argentina, Franky Morbidelli nos regaló un momento que muchos esperábamos con ansias. Tras 1.414 días sin subirse a un podio, volvió a la gloria junto a los hermanos Márquez. Imagínense su cara al cruzar la meta y ver que, después de tantos tropiezos y una lesión dolorosa, había logrado lo impensable.
Una montaña rusa emocional
A sus 31 años, Morbidelli se subió a esa caja con un torrente de emociones. «Pensé que ya no valía», confesó casi entre lágrimas. La presión de estar en la cima y luego caer en picado es algo que él conoce bien. Luchó contra una Yamaha poco competitiva y enfrentó cambios difíciles tras dejar a su antiguo equipo. Pero Valentino Rossi le dio una segunda oportunidad al incluirlo en su escudería VR46 para esta temporada.
“Debo dar las gracias a mucha gente en Tavullia, que trabajan duro para mí”, exclamó mientras saboreaba el momento. Esas palabras son solo un eco del agradecimiento hacia quienes nunca dejaron de creer en él.
No es fácil lidiar con la incertidumbre; Morbidelli lo sabe bien. Ha pasado por tantas dudas y sufrimientos que ahora no puede evitar sentirse embriagado por la alegría del podio. “He tenido tiempo de pensar tanto en cosas buenas como malas… Estoy mareado”, decía, dejando ver que este triunfo no solo fue una victoria deportiva, sino también personal.
Y cómo no emocionarse más cuando uno está tan cerca de casa. Nacido en Roma pero con raíces brasileñas, correr en Argentina significaba mucho más para él: “Adoro Sudamérica y su estilo de vida”, afirmaba entusiasmado.
La clave de este resurgimiento parece estar también en su nueva Ducati GP24, con la cual ha empezado el año con gran confianza: “Este año tengo mejor ‘feeling’”. Muchos creen firmemente que estamos ante el renacer del verdadero Morbidelli.