El Gran Premio de Las Vegas se prepara para ser un espectáculo imperdible, pero la pregunta en la mente de todos es: ¿cuánto estamos dispuestos a pagar por esta experiencia única? El circuito urbano de Nevada no solo promete adrenalina, sino también precios que van desde los 50 dólares para las entradas más asequibles hasta unos impresionantes 25.000 dólares para aquellos que buscan el lujo total.
La presidenta y CEO del evento, Emily Prazer, asegura que han tomado la decisión de ajustar los precios con una intención clara: «Queremos hacer la carrera un poco más accesible a un público más amplio». Y aunque suena bien, muchos nos preguntamos si estas tarifas son realmente asequibles o simplemente una forma elegante de seguir tirando a la basura lo que debería ser una fiesta popular.
Cambios en el juego y experiencias exclusivas
Prazer destaca que este año han establecido planes de pago flexibles sin intereses, algo muy habitual en el deporte estadounidense. «Hemos reducido precios comparados con la temporada pasada, donde los boletos empezaban desde los 330 dólares», explica. Sin embargo, esto no quita el hecho de que seguirán ofreciendo experiencias premium como el famoso Paddock Club por 25.000 dólares, algo que parece diseñado para unos pocos elegidos.
A partir del 9 de abril, los aficionados podrán adquirir sus entradas y optar por estos planes de pago hasta agosto de 2025. La emoción está en el aire, pero también las dudas sobre si toda esta oferta realmente busca acercar a más fans al evento o si simplemente se trata de mantener el glamour asociado al monocultivo turístico del automovilismo.
La buena noticia es que el circuito seguirá recibiendo a los mejores pilotos del mundo desde el 20 hasta el 23 de noviembre, ya que tienen contrato hasta 2025 y están en conversaciones para extenderlo aún más. Esto nos deja con un halo de esperanza: quizás esta locura económica pueda traer consigo alguna mejora real en la experiencia general del espectador.