En un Gran Premio de Tailandia que quedará grabado en la memoria, Marc Márquez ha demostrado una vez más por qué es el rey de las dos ruedas. En su primera carrera vestido de rojo, el ocho veces campeón del mundo supo gestionar la presión y los retos del asfalto caliente de Buriram para llevarse la victoria. Un triunfo que no solo lo afianza como líder, sino que también sienta un precedente espectacular para su nueva etapa con Ducati.
Un inicio complicado pero emocionante
La jornada comenzó con temperaturas extremas: 37 grados en el aire y hasta 62 en la pista. A pesar de las adversidades y la ausencia del campeón Jorge Martín, sustituido por Lorenzo Savadori, Marc mantuvo su posición privilegiada desde la pole. Sin embargo, no todo sería fácil; tras una salida tensa, se vio superado momentáneamente por su hermano Álex y por Bagnaia.
Poco a poco, el pequeño Márquez fue recuperando terreno, mostrando esa garra característica que todos conocemos. Con maniobras audaces, superó a rivales en cada curva mientras sus neumáticos comenzaban a dar señales de desgaste. La carrera se tornó emocionante cuando a falta de 20 vueltas, comenzó a tener problemas que hicieron saltar las alarmas en el box de Ducati: ¿sería un problema técnico o simplemente estaba gestionando sus neumáticos?
A medida que avanzaba la carrera, era evidente que Marc quería demostrar que había vuelto para quedarse. Cuando finalmente tomó ventaja sobre Álex y Bagnaia con una estrategia impecable, la tensión se palpaba entre los aficionados. Joan Mir, en su carrera número 100 en MotoGP, también dio espectáculo al escalar posiciones antes de caer.
Los últimos giros fueron una montaña rusa emocional: mientras Marc se alejaba hacia la victoria, todos contenían el aliento esperando ver si Álex podría sostener su segundo puesto ante un Bagnaia amenazante. Pero así fue; el menor de los Márquez logró aguantar justo hasta cruzar la meta detrás de su hermano.
Con este triunfo, Marc no solo marca un regreso triunfal desde 2014 sin ganar una carrera inicial; también demuestra que este nuevo capítulo puede ser aún más brillante. El debut con Ducati no pudo ser mejor: emoción desbordante y un triplete espectacular para el equipo italiano.