El Gran Premio de Tailandia ha dejado una huella especial en Álex Márquez, quien terminó en un más que meritorio segundo puesto. Al finalizar la carrera, el piloto del Gresini no pudo ocultar su alegría, especialmente por la lucha que mantuvo con su hermano Marc. Y es que a pesar de no sentirse como un candidato al título, su experiencia fue invaluable.
Un emocionante tira y afloja
«Ha sido jugar al gato y al ratón», confesó Álex con una sonrisa. En cada curva se notaba la conexión entre ambos, como si estuvieran compitiendo en casa. «Hoy hemos dado todo lo que teníamos; he aprendido mucho de esta experiencia», continuó reflexionando sobre los momentos decisivos de la carrera.
A medida que avanzaba la competencia, hubo un instante crucial cuando Marc le dejó pasar. Álex sintió una mezcla de sorpresa y preocupación: «Pensé que había una bandera roja porque frenó justo en medio de la curva». Sin embargo, pronto entendió que era parte del juego estratégico. «No sabía si era para que yo desgastara el neumático o por alguna otra razón», añadió.
Aunque hubo algunos errores en comunicación con su equipo, eso no detuvo su determinación: «Cada carrera es una lección; hay tanto por aprender y mejorar». Con 21 carreras por delante, sabe que tiene trabajo duro por delante pero también muchas oportunidades para brillar.
«No somos candidatos a ganar el Mundial todavía», reconoce modestamente. Aunque siente que él y Marc tienen algo menos comparados con Pecco Bagnaia, está decidido a seguir luchando: «Vamos a seguir soñando y trabajando fuerte durante toda la temporada».