En Buriram, bajo el ardiente sol tailandés, Marc Márquez no podía ocultar su felicidad tras conquistar el Sprint de MotoGP. Con una sonrisa que se extendía de oreja a oreja, el piloto español se ha hecho un hueco como líder en su debut con el equipo Ducati oficial. Lo mejor de todo fue compartir ese momento mágico con su hermano Álex, quien también brilló en la pista.
Una carrera llena de emociones
Márquez reflexionaba sobre la tensión habitual que acompaña a la primera carrera del año. «Siempre hay esa ansiedad», admitió. A pesar de haber tenido un buen ritmo durante los entrenamientos, sabía que cada vuelta contaba y que cualquier error podía costarle caro. «Intento no dejarme llevar por los mensajes de amigos animándome; aquí estamos en MotoGP y cada detalle cuenta», comentó con sinceridad.
A lo largo de la carrera, Marc sintió que las gomas reaccionaban diferente por las altas temperaturas, lo que le llevó a ajustar su estrategia para ser más constante. Y aunque estaba contento con su actuación, sabía que esto era solo el comienzo: «Estoy feliz y relajado; me salen las cosas, pero tampoco puedo perder la concentración».
Aunque ya había logrado 95 poles en su carrera, este año parecía estar encontrando una nueva chispa en sus intentos por mejorar aún más. Sin embargo, mantuvo los pies en la tierra: «Hasta pasar tres o cuatro carreras no quiero cantar victoria». En definitiva, el sábado fue perfecto para él: pole position, victoria y ver a su hermano subir al podio. ¿Qué más se puede pedir?