El ilerdense Marc Márquez ha dado un giro inesperado en su trayectoria durante los test de pretemporada, dejando atrás las limitaciones que tanto le pesaron el año pasado. Si en 2024 se sentía atrapado por la falta de potencia de su moto, este 2025 ha comenzado con una fuerza renovada que ha sorprendido a propios y extraños.
Un 2024 lleno de tropiezos
A lo largo del año pasado, Márquez tuvo que lidiar con la cruda realidad de una moto que no cumplía con sus expectativas. En cada carrera, como aquella en Tailandia donde admitió que “si sigo así, no acabamos la carrera”, se notaba su desesperación. La competencia con las Ducati era brutal y él se veía a menudo forzado a mantener el ritmo mientras luchaba contra sus propios límites y los de su máquina. Un cuarto puesto era casi un triunfo ante un panorama tan adverso.
Pero este nuevo año trae consigo un aire fresco. En los últimos ensayos en Buriram, Marc se ha plantado al frente, marcando tiempos impresionantes y acercándose a romper récords del circuito. Con esa chispa que tanto le caracteriza, ya no solo compite contra su hermano Álex; ahora tiene ambiciones más altas.
Renacimiento sobre dos ruedas
El secreto tras esta metamorfosis parece estar en el motor. Junto a Pecco Bagnaia, está evaluando qué propulsor usar: ¿el del 2024 o el nuevo del 2025? Aunque aún queda camino por recorrer antes de tomar esa decisión crucial, lo cierto es que la velocidad demostrada hasta ahora es digna de elogio. “Se ha desatado”, comentan los analistas admirados por su actuación reciente.
La temporada promete ser emocionante y todos estamos expectantes ante lo que pueda venir. ¿Podrá Marc Márquez recuperar ese dominio que parecía perdido? Sin duda, nos encontramos ante un capítulo apasionante en la historia del motociclismo.