El Gran Premio de Tailandia ha sido el escenario perfecto para que Marc Márquez se estrene como piloto del equipo Ducati. ¿Quién podía imaginar que tras 1931 días sin liderar, volvería con tanta fuerza? Y es que el rojo le sienta de maravilla, un color que no solo viste su moto, sino que también simboliza su renovada energía en la pista.
Márquez logró la pole position, marcando la número 95 en su trayectoria. Con una salida fulgurante y un dominio absoluto en el Sprint, dejó claro desde el primer momento que está aquí para pelear. ¡Y cómo lo celebró! El ambiente era electrizante y él estaba radiante al compartir podio con su hermano Álex, quien quedó segundo. «Este sábado ha sido perfecto; una forma inmejorable de comenzar esta nueva aventura», comentaba emocionado.
Familia y estrategia
La escena familiar era conmovedora: Julià, el padre de los Márquez, inmortalizando ese momento entre sus dos hijos en el podio tailandés. Después de tantas victorias y títulos acumulados, este año promete ser especial para ellos. Marc sabe que a sus 32 años la presión siempre está presente. Sin embargo, ha aprendido a manejarla: «Estoy trabajando para mantener los pies en la tierra y no dejarme llevar por las emociones».
A pesar del aluvión de elogios tras su impresionante actuación, es consciente de que aún queda mucho camino por recorrer. Su rival más fuerte, Pecco Bagnaia, terminó tercero pero no se fue satisfecho del todo: «He visto donde pueden mejorar mis curvas respecto a ellos». Un recordatorio claro de lo competitiva que será esta temporada.
En medio del júbilo y los sueños compartidos entre hermanos, queda claro que esto es solo el principio. El regreso de Marc Márquez al liderazgo tiene a todos expectantes; ahora nos toca ver si puede sostener esa ventaja o si habrá sorpresas en las próximas carreras.