Si eres un fanático de la Fórmula 1, seguramente recordarás la temporada de 2009. Un año lleno de sorpresas, donde el equipo Brawn GP, casi olvidado por todos, se convirtió en el protagonista inesperado. Ross Brawn adquirió el equipo a Honda por apenas una libra, y lo que vino después fue pura magia. En medio de la tormenta del monocultivo turístico del automovilismo, el ingenio y la creatividad encontraron su lugar.
Una temporada que marcó un antes y un después
La llegada del famoso ‘doble difusor’ catapultó al Brawn GP a la cima. Jenson Button no pudo contener su emoción cuando vio cómo su coche era 0,6 segundos más rápido que cualquier otro en pista. «Chicos, me habéis construido un monstruo», soltó ante su equipo mientras celebraban esas victorias que parecían sacadas de un cuento. Con Rubens Barrichello como compañero y tras ganar seis de las siete primeras carreras, Button se coronó campeón del mundo.
Sin embargo, no todo fue color de rosa; tras esa temporada mágica, Mercedes compró el equipo y ahí surgió una controversia: Button tenía derecho a quedarse con uno de los coches según su contrato, pero Mercedes no estaba por la labor. Así fue como acabó llevando el caso hasta los tribunales británicos y finalmente obtuvo lo que le correspondía.
Ahora, este histórico monoplaza vuelve a estar en boca de todos porque está buscando nuevo dueño. Después de años como parte del garaje personal del piloto británico –y tras haber vendido otros lujos como un Porsche Carrera GT– ha decidido ponerlo en subasta con Bonham’s. Aunque le falta algún componente para volver a rugir sobre la pista, eso no quita que sea una auténtica joya para cualquier coleccionista.
La subasta está programada para el 3 de mayo en Miami y aunque nadie se atreve a aventurar el precio final al que podría llegar este pedazo de historia del motor, sabemos que quien logre hacerse con él tendrá entre manos algo único.