En la ciudad de Zaragoza, el ambiente se siente diferente. Los maños, con David Navarro al mando, están demostrando que aún hay vida en su lucha por la permanencia. La reciente jornada dejó un sabor agridulce: aunque la distancia hasta la salvación se amplió de tres a cuatro puntos, el zaragocismo está más convencido que nunca de que pueden lograrlo. En Leganés, disfrutaron de una primera mitad brillante y, aunque sufrieron en la segunda parte, también tuvieron sus oportunidades para llevarse los tres puntos.
Un nuevo aire para el equipo
Desde que Navarro tomó las riendas del equipo, han cosechado 10 de 15 puntos posibles. ¡Eso es un cambio radical! Una plantilla que parecía estar hundida ha vuelto a levantarse con fuerza y cree firmemente que puede competir contra cualquier rival. Ayer, pese a las bajas importantes como Francho y Pinilla, los aragoneses dominaron la primera parte; sólo un error desafortunado les costó un gol en contra.
Lo que antes era un golpe devastador ahora se convierte en una oportunidad para reponerse. Antes del descanso lograron empatar y supieron aguantar los embates del rival en la segunda parte. Navarro no solo ha revitalizado a sus jugadores, sino que también les ha dado una identidad clara sobre el terreno de juego y ha reavivado esa llama del zaragocismo.
Este próximo domingo tienen otra final por delante ante el Mirandés, un rival directo con urgencias propias. Si logran ganar, podrían dejar la salvación al alcance de la mano. El margen de error es escaso pero su dinámica actual es positiva: son el equipo con mejor rendimiento entre los que luchan por evitar el descenso. Y eso nos da motivos para creer en lo que hace poco parecía una quimera.

