En una tarde más que difícil en el Heliodoro Rodríguez López, el Tenerife logró hacerse con los tres puntos gracias a un autogol de Ibai Arrasate. El marcador se cerró en 1-0, un resultado que saca al equipo del bache de tres empates seguidos y lo acerca un poco más a su sueño: el ascenso a Segunda División.
Una victoria sufrida pero valiosa
A pesar de las dificultades, el conjunto blanquiazul mostró carácter y supo manejar las riendas del juego. Desde el primer minuto, intentaron llevar la iniciativa con su clásico 4-4-2. Enric Gallego y Noel López luchaban arriba, buscando crear ocasiones mientras Osasuna Promesas, bien plantado en defensa con su esquema 4-2-3-1, complicaba las cosas con constantes faltas que se tradujeron en tarjetas amarillas.
No fue un encuentro fácil para nadie; el Tenerife tuvo que trabajar duro para romper la muralla defensiva del rival. Cada jugada era una prueba de paciencia e insistencia hasta que finalmente llegó la recompensa. En el minuto 50, ese momento tan esperado se materializó cuando Arrasate, intentando despejar un centro peligroso, terminó enviando el balón directo a su propia portería. ¡Qué giro inesperado!
A partir de ahí, Tenerife controló mejor la situación aunque no sin esfuerzo. Osasuna B hizo cambios buscando revivir sus esperanzas de empate pero no logró concretar sus intentos. La victoria adquirió una importancia doble; no solo cortó esa mala racha sino que reafirmó al equipo como líder indiscutible con 63 puntos, doce por encima del segundo clasificado.
Así es como se construyen los sueños: paso a paso y sin dejar escapar nada. No fue un espectáculo brillante ni deslumbrante; fue una muestra clara de oficio y determinación cuando más se necesitaba.

